viernes, 20 de febrero de 2009

Capital y cooperativismo

Las crisis generan una reducción y modificación de las unidades de producción. Cada período de crisis de los sectores textil y calzado, por citar dos ejemplos que conozco bien, han conducido a unidades productivas más reducidas. Podríamos decir que es una ley de la economía. Pues bien, esta mañana una ejecutiva de una "caja cooperativa" me ha venido a decir que en la salida de cada crisis se pueden encontrar muchas más cooperativas.

En el caso del textil, esta crisis se está llevando a las últimas empresas medianas. En el caso del calzado las empresas ya no pueden ser más pequeñas, ahora lo que toca es generar cooperativas. El hecho de que una cooperativa nazca como consecuencia de una crisis no debería significar nada, pero sí que lo hace, las cooperativas que nacen al "pairo" de una crisis tienen menos probabilidades de sobrevivir. El cooperativismo exige una cierta cultura y una cierta aceptación por parte de todos los cooperativistas, y, eso, no es fácil, ni "natural".

Gary Hamel en su reciente intervención en Barcelona, "reiventando el management del siglo XXI" , afirmaba que el único ámbito de la vida en el que no había entrado la democracia era en la empresa, y concluía que había que hablar de "democracia industrial". En este último enlace, y sobre la democracia industrial" se puede leer:

La democracia industrial en los países de Occidente se ha limitado —si bien con algunas honrosas excepciones, como la cogestión en Alemania, por ejemplo— al reconocimiento del poder y la libertad sindicales, y poco más.

Bueno, pues yo creo que tanto Gary Hamel como el diccionario de marras del que he extraído la cita sobre "democracia industrial" se olvidan del potente movimiento cooperativista existente en zonas como el país vasco o comunidad valenciana, entre otras.

Pero, es que, además, a veces ni se tiene en cuenta. Xavier Mena, en su intervención en Valencia al hablar, o no, porque no lo hizo, sobre "las empresas éticas ante la crisis", se refirió a una fábula para justificar la necesidad de cambio, un cambio que debía venir, según él, de una mayor disciplina, de una mayor productividad, etc..

La fábula hablaba de una barca con 12 remeros y una persona dirigiendo la barca y que se dedicaba a dar latigazos a los remeros para mejorar el rendimiento y por lo tanto para mejorar la productividad. En eso que un señor se acercó a la orilla y recriminó al señor del látigo su actitud agresiva y la explotación a la que estaban siendo sometidos los remeros. Los 12 remeros se levantaron y dijeron al unísono que no los molestara que ellos eran los propietarios y que el señor del látigo había sido contratado por ellos para mantener la "productividad".

Bueno, pues sin darse cuenta, Xavier Mena, al contar esta anécdota, no estaba planteando un ejemplo de disciplina y control, sino estaba planteando lo que podría ser un modelo alternativo de gestión del capital, un modelo, el cooperativo que bien podría servir de ejemplo al mundo. No sé si fue un problema de ignorancia o ingenuidad, pero, lo dejamos ahí.

Lo que está claro es que hace falta un cambio de modelo, lo dicen todos, pues bien, es cuentión de empezar a dar ideas, y el cooperativismo es una de ellas.

He tenido ocasión de visitar una Caixa, caja de ahorros del sector del cooperativismo, y da buena impresión, a pesar de la que está cayendo en el sistema financiero. Mejor que otras cajas más grandes e incluso mejor impresión que otros bancos comerciales.

Desde luego que la gestión cooperativa es complicada, pero habrá que seguir profundizando en su promoción, es una opción muy real. Bien es verdad que Trías de Bes, en su "libro negro del emprendedor" dice que "mas vale ir solo que mal acompañado". En fin, habrá que aprender porque el cooperativismo y las fórmulas de cogestión son sistema válidos, y posiblemente mas estables. Lo veremos.

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